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La voz
irrompible de Anaís Abreu
Omar Vázquez
omar.vc@granma.cip.cu

El concierto de Anaís Abreu permitió acercarnos a
una vocalista en su plenitud, enérgica y lírica según el caso,
que defiende la música con convicción. Se dio el gusto de
interpretar "números que siempre quise cantar y otros habituales
en mi repertorio", con los que el público asistente al Teatro
Astral se vio generosamente recompensado.
Fue un concierto diferente, intenso y extremadamente
atractivo desde el comienzo, en que no dejó de sorprender al
incursionar en el folclor, con Osaín, un "canto a nuestros
ancestros". Transitó por la trova precursora, con Tardes grises,
de Sindo; El madrugador, de José Ramón Sánchez; Siempre que te
miro, de Pedro Vega, coqueteó con el jazz; y se apropió de la
creación más actual con Rabo de nube, de Silvio Rodríguez; y
Alma, del excelente guitarrista Jesús Cruz, que dio título al
último disco de una artista que revivió en la jornada obras como
Niebla del riachuelo y la infaltable Nostalgia (la proyectó
nacionalmente cuando triunfó en el programa de televisión Todo
el mundo canta); y Chega de saudade, de Tom Jobim.
La Abreu también se sirvió de La camagüeyana, de
Ignacio Cervantes, y que cantó su hija María, para recordar a su
terruño natal; y tuvo un invitado especial en Sergio Farías.
La irrompible voz de Anaís contó con el respaldo de
la Orquesta Solistas de La Habana, Jorge Reyes (bajo), Efraín
Ríos (tresero), y Tony Lazcano (guitarrista) y otros, bajo la
dirección de la maestra María Elena Mendiola. Otros dos
colaboradores a destacar fueron el orquestador Emilio Vega y el
director artístico Jorge Musa.
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