PROYECTO PALOMAS

 

POR LA PAZ Y LA DIVERSIDAD

LIZETTE VILA

 

 

 

LA RESISTENCIA ES UN DERECHO A LA VIDA

 

Por María Zacco


BUENOS AIRES, 29 (ANSA) El amor por el cine, concebido como una "acción combativa", la diversidad sexual, la violencia y la discriminación como matrices creativas y la "afición por los bordes", bastan para descubrir en las palabras de la prolífica realizadora cubana Lizette Vila Espina su sensibilidad y agudeza, que trasuntan toda su obra.
Vila Espina, de paso en Buenos Aires, presentó los documentales "Rasgando Velos", "En busca de un sueño", "Sexualidad, un derecho a la vida" y "La entrega de la confianza", en el marco del Séptimo Festival de Cine de Temática Sexual que culminó el martes en la capital argentina.
En diálogo con ANSA, la cineasta dijo que sus trabajos, que versan sobre la necesidad del respeto de la diversidad sexual, son una vía para alcanzar una cultura de paz en Cuba.
"La paz no necesita palomas, que son solo un símbolo, sino hombres y mujeres de buena voluntad", afirmó.
Para Vila Espina es fundamental que todas las personas comprendan que son parte de la diferencia que conforma la diversidad.
Sus películas han contribuido a mellar la división tajante entre lo masculino y femenino y la rigidez del concepto de masculinidad arraigados en la cultura cubana, "como parte de la dinámica social derivada del proyecto revolucionario".
"Esto no significa que haya existido, como se ha dicho, una política de estado contra los homosexuales, travestis o transexuales, sino que es muy difícil erradicar las actitudes discriminatorias en un país donde, desde que llegó Cristóbal Colón, existe una visión patriarcal", aclaró.
Consciente del poder de convocatoria del soporte audiovisual, la directora cubana trabaja desde hace algunos años junto a organismos nacionales e internacionales orientados a la educación sexual y a la prevención de enfermedades de transmisión sexual en la elaboración de documentales que apuntan a generar una apertura de pensamiento en materia de sexualidad, un tema que, apuntó, "ha sido históricamente condenado al silencio".
En especial, su vinculación al Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX) le hizo tomar conciencia, dijo, de su ¿gran responsabilidad¿ a la hora de generar una apertura de conciencia a través de las imágenes y testimonios plasmados en sus películas.
La falta de comunicación entre generaciones, los adolescentes que padecen SIDA, travestis que reniegan de la prostitución como única salida laboral para ellos e historias de vida de homsexuales y transgéneros que hablan de discriminación hacen que Vila Espina sea reconocida internacionalmente como una "cineasta de la diferencia".
Ella, que no comulga con las etiquetas del lenguaje, indicó que prefiere hablar de "diversidad" o de "bordes", "porque también soy una mujer de los bordes", aclaró.
"En nuestro material audiovisual (producido en conjunto con el CENESEX, en el marco del proyecto Sin Etiquetas, ndr) pusimos al mismo nivel las preferencias homosexuales, bisexuales y heterosexuales y evitamos términos como 'minoría' o 'marginales'", afirmó.
"Este tipo de etiquetas no debe existir en un proyecto social basado en la igualdad de oportunidades", aclaró.
Según la cineasta cubana, que por su labor estuvo nominada en 2005 para el Premio Nobel de la Paz, las prácticas excluyentes se van notando cada vez menos en su país y la televisión cubana, que difunde este tipo de documentales, hace un gran aporte en este sentido.
La realizadora, que lleva años trabajando en la televisión cubana y brindó conferencias y talleres sobre sexualidad en todo el mundo, admitió que, sin duda, el filme "Fresa y Chocolate" (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabio, fue un punto de inflexión para generar una nueva mirada sobre la diversidad sexual.
"Caló hondo no sólo en Cuba, donde provocó una gran conmoción, sino en todos los escenarios del mundo", recordó.
Y subrayó algo más, que provocó otro quiebre: ¿el primer caso de SIDA registrado en Cuba, en 1985, fue diagnosticado en un hombre heterosexual, lo que rompió con el estigma de la enfermedad como un "síndrome gay".
Lizette Vila Espina afirmó que su mayor satisfacción es que a través del cine, que lejos de ser "un elemento apaciguador es una acción combativa", las personas que ejercen el derecho a una sexualidad plena basada en sus elecciones están dejando de ser vistas como víctimas.
"Prefiero hablar de 'sobrevivientes', porque la víctima siempre muere. En cambio el sobreviviente resiste y encuentra el modo de seguir adelante", apuntó.
"Quizá por la dinámica que ha tenido Cuba desde el 1ro. de enero de 1959, la capacidad de resistencia es parte de la cultura de los cubanos. Quienes sobreviven hallan formas de reencauzar sus vidas y eso es lo que genera nuestro trabajo: la resistencia, en cualquier sociedad, es un derecho a la vida", concluyó.

29/06/2007 19:05

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